Pascual Díaz y Barreto, Miguel Palomar y Vizcarra y John J. Burke, frente a las vicisitudes del conflicto cristero (1926-1929)

Cargando...
Miniatura

Fecha

Título de la revista

ISSN de la revista

Título del volumen

Editor

ITESO

Resumen

Quizá no sea exagerado afirmar que la historia de la cruzada cristera tiene su historia. Entre quienes la han escrito se encuentran historiadores “participantes”, historiadores extranjeros (en particular de Estados Unidos), y los que me gustaría llamar historiadores “mexicanistas” de la cristiada. Entre los primeros se encuentran Antonio Ríus Facius, Alberto María Carreño, Miguel Palomar y Vizcarra y Heriberto Navarrete, S.J. Entre los segundos, en particular porque escribieron para un público norteamericano, ubico a Elizabeth Ann Rice, John B. Sheerin, Davic C. Bailey, y más reciente, Matthew Alan Redinger. Por último, entre los historiadores “mexicanistas” encuentro que hay al menos tres generaciones de historiadores profesionales que han trabajado sobre el tema. La primera, y mejor conocida, la integran Alicia Olivera Sedano y Jean Meyer. La segunda generación la conforman, entre otros, Ramón Jrade, Roberto Blancarte y Servando Ortoll.

Es importante subrayar que mientras que los planteamientos de Olivera Sedano y Meyer son generales en cuanto a que dedican su esfuerzo a rescatar el “qué pasó”, historiadores como Jrade y Ortoll han tratado de buscar nichos particulares no explorados por los investigadores anteriores. Con esto quiero decir que los miembros de ambas generaciones han respondido, en sus trabajos, a necesidades y objetivos propios de su tiempo. Una tercera generación, en la cual inscribo mi trabajo, tiene que ver con preocupaciones distintas. En mi caso, me ha atraído en particular una pregunta general a la cual doy una respuesta parcial: cómo la cristiada fue vivida, entendida y explicada por algunos de sus participantes más poderosos. Es decir, me interesa abordar a estos personajes desde una perspectiva empática, poniéndome, por así decirlo, en los “zapatos” de cada uno de estos individuos. Esto me ha traído problemas metodológicos: las posturas de cada uno de los personajes que aquí analizo fueron prácticamente, a todo lo largo del conflicto cristero, distintas y en algunos casos, antagónicas.

Pascual Díaz y Barreto, obispo de Tabasco y secretario del comité episcopal al inicio del conflicto cristero, tenía su propia idea de cómo resolverlo. Aunque todo parece indicar que al principio fue procristero y que después cambió su postura, lo importante aquí es subrayar que, de hecho, todas sus acciones pueden ser interpretadas como parte de una estrategia más amplia para solucionar el conflicto a su manera. Por su parte, Miguel Palomar y Vizcarra, uno de los directores de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (Liga o LNDLR), y de los más férreos enemigos del gobierno mexicano de entonces, siempre sostuvo (durante y después del conflicto), que el obispo de Tabasco había traicionado la causa cristera. John J. Burke, sacerdote de la Congregación de San Pablo y secretario general de la National Catholic Welfare Conference (NCWC), participante a distancia del conflicto y su solución, tenía sus propios intereses: defender el bienestar de la Iglesia católica norteamericana. Estos tres personajes dejaron tras de sí una historia particular que defendía su propia participación en la cristiada. Aunque Pascual Díaz prácticamente no plasmó su versión oficial de los hechos, dos de sus más cercanos colaboradores, Eduardo Correa y Alberto María Carreño, escribieron, cada uno de ellos, biografías de este prelado, oriundo de Zapopan, Jalisco. Palomar y Vizcarra se decidió, a partir de 1943, a contar su versión de los hechos. Esto, a partir de un artículo que Eduardo Correa escribió, aludiendo a Pascual Díaz en el séptimo aniversario de su muerte. El escrito de Correa, publicado en Excélsior, despertó la ira de Palomar y Vizcarra al mencionar que los antiguos directores de la Liga (o ligueros), no habían comprendido cabalmente las buenas intenciones del obispo zapopano durante el conflicto. Como respuesta a Correa, y más tarde a Carreño, Palomar y Vizcarra desató una polémica periodística primero, luego ofreció conferencias en varias ciudades de la república y publicó libros y folletos sobre la cristiada y, finalmente, abrió sus archivos. Todo, para que estudiosos del futuro pudieran evaluar lo acontecido en México de 1926 a 1929. Por último, el padre John J. Burke tuvo a su propio biógrafo, John B. Sheerin.

Descripción

Palabras clave

Historia, Conflicto Cristero, México

Citación

Reynoso-Bolaños, A. (2004). Pascual Díaz y Barreto, Miguel Palomar y Vizcarra y John J. Burke, frente a las vicisitudes del conflicto cristero (1926-1929). Tesis de maestría, Maestría en Filosofía y Ciencias Sociales. Tlaquepaque, Jalisco: ITESO.