Boletín de Análisis Económico, año 2, núm. 31
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Resumen
Durante el primer trimestre de 2026, la economía mexicana muestra señales claras de desaceleración en un entorno de creciente complejidad interna y externa. Si bien algunos sectores mantienen niveles elevados de actividad, el dinamismo general se ha moderado de manera significativa. La actividad industrial continúa en una fase de debilidad, con una contracción de -1.3% en febrero, mientras que el mercado laboral refleja una pérdida de impulso estructural: la generación de empleo formal se desacelera y el número de patrones registrados acumula casi dos años de caídas, lo que evidencia un deterioro en la base empresarial formal. Este comportamiento sugiere que el crecimiento económico enfrenta restricciones más profundas, asociadas tanto al entorno internacional como a factores internos que limitan la inversión y la expansión productiva. Al mismo tiempo, la inflación ha retomado una trayectoria al alza, ubicándose nuevamente por encima del rango objetivo del Banco de México. Las presiones se concentran en alimentos y energéticos, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas que han elevado los precios del petróleo y por limitaciones fiscales para contener estos incrementos mediante estímulos al IEPS.